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La Coctelera

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17 Marzo 2006

el cocinero ciego

Corría el mes de Marzo, Eran las fiestas de la semana fallera, había mucho ruido de pólvora en la calle, el cocinero ciego no se había quedado sordo pero tenía dificultades con sus oídos, no sentía tampoco ni el gusto ni el olfato.
Pensaba que esta pérdida se debería al resfriado que no acababa de manifestarse ni de marcharse pero sin embargo se sentía confuso.
Que sentido tenía rascar la pequeña nuez moscada sobre la salsa bechamel si ni siquiera la olía o porqué sazonaba la sopa de setas con orégano de monte si ni siquiera lo iba a notar…
Tampoco le cabía otra duda, el hecho de fumar porros de cannabis tampoco le ayudaba en nada a la hora de saborear los exquisitos manjares, sin embargo no era capaz de dejarlo aunque lo tuviese tan claro que algún día así sería.
El cocinero ciego se levantó de delante del ordenador y comprobó el tiempo que le quedaba de estar al fuego a la sopa de hongos.

Faltaban veinte minutos para terminar la cocción, no era tiempo para llamar a Reyes su amiga para saber como había quedado con la rehabilitación de su espalda y esas llamadas entre Reyes y él, normalmente superaban los veinte minutos y decidió encenderse el porro que había apagado en el cenicero.
Puso el disco Another late night de Kid loco y trató de relajarse.

Después de unas caladas Su mente comenzó a flotar pero se fue directamente a la cocina y pensó si se estaría agarrando la harina de la sopa y fue a comprobarlo.

Cuando pasaba mucho tiempo en casa, el cocinero ciego solo pensaba en que platos prepararía para comer. Repasaba mentalmente la nevera y la despensa para saber con que productos contaba y que menú podría elaborar con ellos.
Deliciosos platos venían a su mente arroces, potajes, aquellos exóticos platos que comimos en algún restaurante oriental, los aromas, el curry la canela, las hierbas el romero el tomillo, la hierbabuena y tantos y tantos más …
También pensaba que era una cuestión genética pues su madre y su abuela habían sido también cocineras si bien de adolescente renegó un poco del negocio hostelero, cuando llegó a los veinte comenzó a apreciar y disfrutar de la buena cocina y también de otros placeres.
13/03/2006.
Había ya pasado una semana desde que el cocinero ciego padecía la anulación de casi todos sus sentidos, el único que mantenía en condiciones normales era el tacto, solo sus manos le permitían ver. Cuando perdió la vista aprendió a ver con el resto de sus sentidos y fue una grata sorpresa comprobar que no solo con los ojos se podía ver.Sus manos, sus dedos y las yemas de estos eran capaces de hacerle ver con bastante eficacia, era capaz de reconocer el polvo de los muebles de la casa cuando a los ojos de cualquier persona pasaría desapercibido, nunca pensó la sensibilidad que podría desarrollar en sus dedos. Complementado por el gusto y el olfato su trabajo en la cocina podría resultar un poco más dificultoso pero no imposible. Pero sobre todo el cocinero ciego veía con sus oídos, los sonidos le revelaban muchas cosas importantes y había aprendido a discriminarlos por lo que podía estar escuchando la voz de su lector de pantalla Jaws, a la vecina que había abierto la ventana y tendía la ropa, el sonido de la olla al fuego e incluso la espita del gas que estaba en marcha, en realidad esta era su forma de ver, complementada por los otros sentidos como el olfato que era la alarma si algo se quemaba ya fuera en su cocina o en la del vecino.
Aquella mañana había seguido la rutina habitual, después de lavarse la cara y echar una meada, conectaba la pc, mientras esta arrancaba, Tardaba un poco por el Panda que la ponía muy lenta, se estiraba y desperezaba en la silla mientras esperaba que la música de Windows se escuchara dándole la señal de que ya podía empezar. Conectaba la adsl, abría el emule y luego el Outlook exprés para ver el correo.
Mientras escuchaba las noticias en la radio se preparaba un buen zumo de naranja y si hacía sol se acercaba una silla a la ventana y allí comenzaba el ritual de las pastillas, porque el cocinero ciego parecía vivir a base de ellas. Las tenía de todas formas y colores, y las tomaba con una precisión matemática.
A este paso le seguía el del café con leche y algo sólido pues él tenía que llenar bastante pues era un tío alto y sobre todo lo hacía para contrarrestar la bomba química que tomaba.
Aquella mañana estaba un poco sorprendido, no se escuchaba nada mas que el disco duro del pc trabajando y a un par de palomas que en alguna antena estarían haciendose arrumacos.
Ni una traca, ningún vecino, llevaban semanas de obras, cuando el silencio se apoderaba de la situación, ponía la radio o la tele no por lo que dijeran sino por escuchar voces humanas y no sentirse tan solo.
El cocinero ciego pensaba que tenía una vida de mierda. En poco tiempo había perdido la vista y a sus padres que tanto amaba, primero a él y al poco tiempo a ella. Pensaba que una vida de mierda se podía llevar teniendo de todo. Es decir que no era necesario vivir en un pais subdesarrollado rodeado únicamente de miseria, se podía llevar una vida de mierda en lo que llamaban el primer mundo y teniendo absolutamente de todo.
El cocinero ciego podía vivir sin ver, sin el sentido de la vista pero, nunca podría vivir sin amor y e´ sabía que nunca nadie le amaría. Tal vez sintieran compasión por él, pero nadie se enamoraría ni le amaría jamás y aceptar esto en su mente y en su vida le dejaba fuera de juego. Era razón suficiente para despedirse de la vida que ya no le parecía tan importantey a la que sentía desde cierta distancia, sin participar, fuera del mercado, pero no podía poner fin por su cuenta, el hecho de tener a su hermana a la que no podía hacer esa putada y el otro hecho de que la idea suicidio no iva con él, no le daban esa opción.
Él tenía que seguir cocinando y además dando gracias de que su vida no fuera peor de lo que ya era.

Vi ernes, 17 de marzo de 2006

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